BBC Mundo: el tigre griego que cruzó el mundo para tener una mejor vida

El tigre Phevos, de 260 kg, viajó más de 11.000 kilómetros desde Grecia a Estados Unidos, venciendo un laberinto de permisos y regulaciones internacionales.

Pesa 260 kilos, tiene una poderosa mandíbula capaz de triturar huesos y sus patas son del tamaño de un plato.

A pesar de esa imagen imponente, el tigre Phevos es una de las víctimas más recientes de la crisis económica que vive Grecia, y tuvo que cruzar medio mundo para encontrar un nuevo hogar.

“Reacciona bien cuando le hablas suave y le encanta que le acaricies la cabeza”, dice David Barnes, antiguo inspector de la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad contra los Animales, una organización británica que desde 1824 se dedica a la protección de las especies.

Barnes pasó el último año tratando de encontrar una vía para rescatar a Phevos de un pequeño zoológico en Trikala, en el centro de Grecia.

El zoológico atraviesa una severa crisis financiera, como todo en el país, y había preocupación porque el tigre no estaba recibiendo ni la comida, ni la atención adecuada.

El zoológico solía tener un veterinario residente, pero llegó un punto en que no pudo seguir pagándolo.

Las alarmas se encendieron cuando en marzo pasado, Athena, el otro tigre que tenía el zoológico, murió a consecuencia de complicaciones en una pata infectada.

David Barnes rescató a Phevos de un circo hace 13 años, y ahora lo volvió a hacer en el zoológico de Trikala, en Grecia.

“Fue una muerte por negligencia. Pura y simple. Si esto hubiese ocurrido en Reino Unido tendríamos una investigación. Tomó cuatro meses conseguir un permiso del gobierno griego para poder aplicarle anestesia. Una locura”, explica Barnes.

Pero no había nada qué hacer, los tigres son propiedad del gobierno, y había que esperar la autorización. Frente al caso de Athena, Barnes decidió realizar todos los esfuerzos para salvar a Phevos, mitad tigre bengalí mitad siberiano. Pero, ¿cómo rescatarlo?

El rescate del tigre

El problema principal fue vencer la burocracia y no tanto cómo transportarlo a otro continente.

“En cada esquina encontré algo que impedía el trámite. Me tomó ocho meses de llamadas telefónicas, correo y hasta mensajes de texto para resolver todo el papeleo oficial”.

Hubo un momento, cuenta David, que sintió que no lo iba a lograr. “Pero una vez que me lo propuse, me dije que tenía que llegar hasta el final”.

La negociación entre el gobierno griego y las autoridades de Estados Unidos, donde finalmente pudo encontrar un santuario que recibiera a Phevos, fue intensa, así como con los funcionarios de Trikala.

Phevos necesitaba un permiso bajo las regulaciones de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies en Peligro de Extinción, dado que solo quedan unos 3.000 tigres silvestres.

Entre las trabas burocráticas para transportar al tigre figura la regulación sobre agujeros en la jaula, los cuales deben medir 5 cm de ancho.

Cuando todo parecía estar solucionado, en el último minuto apareció un nuevo requerimiento proveniente de la compañía que haría el traslado, afiliada a la Asociación Internacional de Transporte Aéreo.

La regulación establece que cada agujero en la jaula que llevaría a Phevos debía medir 5 cm de ancho, por lo que tuvieron que llamar a la carrera a un carpintero para que ensanchara algunos huecos.

“Tratamos con agentes aduanales y autoridades veterinarias para permisos de salud, certificados de vacunas, instalación de un microchip, exámenes de sangre. Sin embargo, la demora mayor no fue por parte de las autoridades griegas, sino de las estadounidenses para darnos la licencia de importación”, explicó Barnes.

En palabras de David, Estados Unidos no promueve la importación de grandes felinos, porque se cree que ya tienen suficientes.
“En el santuario que logramos concretar para Phevos no hay un animal traído fuera del país.”

Meterlo en la jaula

Meter a Phevos en la jaula fue otro reto.

El equipo no lograba hacerlo entrar ni siquiera ofreciéndole pollo, que es su comida favorita y del que puede comer 35 unidades a la semana.

Luego de 30 minutos de intentos fallidos, un veterinario le dio un tranquilizante y luego lo arrastraron con cuerdas atadas a sus patas.

El equipo no lograba hacerlo entrara la jaula para poder transportarlo, ni siquiera ofreciéndole pollo, que es su comida favorita y del que puede comer 35 unidades a la semana.

Al amanecer, una grúa levanto la jaula y la depositó en un camión que transportó a Phevos hasta Atenas, luego de un viaje de seis horas.

En Trikala quedaron sentimientos encontrados con la pérdida de Phevos, que significa Dios del Sol. “Nos sentimos extraños”, dice Odisseas Raptis, quien dirige e-Trikala, una unidad del municipio que es propietaria del zoológico.

“No sé si estamos felices o tristes. Primero, creo que estamos contentos porque Phevos va a un mejor lugar para vivir el resto de su vida en paz y en mejores condiciones.”

“Por otra parte, estamos tristes porque estamos acostumbrados a tener tigres en Trikala. En verdad, creo que el sentimiento que predomina es tristeza”, expresó Raptis.

El funcionario admitió que los animales debían ser mejor atendidos en el zoológico.

El viaje

El viaje tuvo un costo aproximado de US$20.422, que fue obtenido por organizaciones no gubernamentales.

Al llegar al aeropuerto la jaula fue transportada hasta una sección presurizada de un avión Boing 767, en el cual el tigre haría la primera parte del viaje, cubriendo la ruta de Atenas a Londres.

De inmediato se formó un alboroto entre los equipos de logística del aeropuerto al enterarse del pasajero inusual. Todos querían tomar una foto o ver al tigre de cerca.

Solo lo durmieron para meterlo en la jaula, luego se mantuvo conciente y calmado durante las 45 horas que duró el viaje de Grecia a Estados Unidos.

A pesar del ruido, Phevos se mantuvo calmado.

Una azafata comentó que los pasajeros estaban muy emocionados y habían visto como había sido el proceso de meter la jaula en el avión.

Phevos pasó una noche en cuarentena en el aeropuerto de Heathrow. Su jaula había sido cubierta con un gran número de etiquetas que decían “Cuidado. Este animal muerde”.

Al día siguiente reinició su viaje a San Diego, California.

El nuevo hogar de Phevos está en Alpine, California, Estados Unidos, en un santuario para tigres, osos y leones.

Ahí estará acompañado de otros tigres y recibirá la atención de un veterinario residente que le pondrá cuidado a una lesión congénita que tiene en la cadera y que le causa dolor al caminar.

La lesión se agravó durante su vida en el circo, de donde Barnes lo rescató hace 13 años, por lo que éste es el segundo rescate en la estrecha relación entre el hombre y el tigre.

El próximo rescate

“He rescato animales antes, pero este ha sido de lejos mi mayor experiencia. Estoy muy orgulloso de lo que he hecho”, comentó Barnes.

El viaje de Phevos al santuario de animales en California tuvo un costo aproximado de US$20.422, que fue obtenido por organizaciones no gubernamentales.

“Phevos va a tener una mejor vida, y eso es lo más importante”, concluyó.

Sin embargo, la experiencia de Phevos no será la última en los planes de Barnes.

Tiene en mente rescatar una hembra Coati Mundi – un miembro de la familia de los mapaches de América del Sur, un marsupial, un pony Skyros y algunos cebúes miniatura.

Casi todos estos animales están solos, porque sus compañeros han muerto. Por ello Barnes lo tienes entre su lista de próximos salvamentos.

Tigre en movimiento

• Distancia cubierta: 11.265 kilómetros
• Duración: 45 horas
• Medidas de la jaula: 1.7m X 1.2m X 900cm
• La jaula está hecha con un marco de metal, paredes con una red de metal, cubierta con madera contrachapada, con 180 perforaciones para respirar.
• Durante todo el viaje tuvo agua y comida, y estuvo consciente.

Por: Andrew Bomford / BBC