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Mascotas

¿Sabías que los chimpancés aprenden muchas cosas por imitación? (+fotos)

Foto: Holger Hollemann/ dpa

VIENA (dpa) – Los chimpancés se parecen mucho a los seres humanos. Aprenden gran cantidad de cosas por imitación y saben utilizar herramientas. Por ejemplo abren nueces golpeándolas con piedras.

Son los primates más inteligentes. Suelen recorrer grandes distancias en cuatro patas. Sólo trepan a los árboles para recoger frutos y para instalar su nido.

Los chimpancés habitan en África. Pueden medir hasta 1,70 metros de altura, es decir como muchos seres humanos. En libertad alcanzan a vivir unos 40 años. En cautiverio, cuidados por seres humanos, llegan a más de 50 años de vida.

¿Sabías qué …? – El ser humano se creía el único ser inteligente

VIENA (dpa) – ¿Sabías que por mucho tiempo el ser humano se consideraba la única criatura inteligente? Hace no más de 50 años la mayoría de la gente se habría reído al ser preguntada si existían animales inteligentes. Incluso los investigadores creían que los animales podían en todo caso ser entrenados para cumplir algunas habilidades, pero jamás que seguían conductas inteligentes.

Foto: Christian Charisius/ dpa

Fue una mujer la que aportó una imagen distinta de los animales: Jane Goodall salió hace unos 50 años de su país, Gran Bretaña, para ir a vivir en Tanzania con los chimpancés. Quería investigar su forma de vida.

Ella observó cómo armaban herramientas con palos, pastos u hojas. Cómo las utilizaban para conseguir alimento. Jane Goodall vio también cómo aprendían los pequeños chimpancés de sus mayores.

A partir de estas observaciones comenzaron muchos científicos a investigar la inteligencia animal. Otro gran aporte a la comprensión de las conductas inteligentes de los animales lo hizo el etólogo austríaco Konrad Lorenz. La etología es una ciencia que combina la biología con la psicología para estudiar el comportamiento animal. Lorenz, que ganó el premio Nobel por sus estudios, se dedicó sobre todo a observar con suma atención e inteligencia animales como los gansos y otras especies que lo rodeaban.

En uno de sus libros cuenta Lorenz la anécdota de un pez de su acuario que tuvo que tomar una decisión difícil. Esa especie de peces suele recoger en su boca a sus crías al anochecer, para llevarlas a su guarida entre piedras. Los pececitos desinflan para ello su vejiga natatoria, de modo que caen al fondo cuando los sueltan sus padres.

Uno de estos peces llevaba a una cría en la boca, cuando se encontró con un pedazo de lombriz, que era su alimento favorito. Lorenz, que lo estaba observando, pensó que había llegado el fin del pececito: el pez adulto se comería la lombriz y en el mismo acto tragaría a su hijo. El pez se quedó un instante como pensando qué hacer. Luego escupió al pececito, que cayó al fondo del acuario. Sin perderlo de vista, el pez adulto engulló entonces el trozo de lombriz y al terminar el manjar volvió a recoger a su pequeño hijo para llevarlo a dormir a la guarida. ¡No era ningún tonto!