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Salud

La medicina puede ayudar cuando el hijo tan esperado no llega

Foto: DPA / Chris Radburn

BUENOS AIRES (dpa) Tener un hijo es para muchos más que una necesidad biológica de reproducción, ya que en este acto se depositan expectativas personales, sociales, religiosas. Por este motivo, cuando ese deseo no se cumple, puede ser vivido como una tragedia, que genera fracaso, frustración y depresión y hasta puede conducir a la ruptura de la pareja.

Sin embargo, la ciencia médica ha logrado dar respuesta al problema de infertilidad, calificada por la Organización Mundial de la Salud como una enfermedad, que afecta a entre un 12 y un 15 por ciento de las parejas.

Las técnicas de reproducción asistida comprenden todos los tratamientos o procedimientos que incluyen la manipulación de ovocitos y espermatozoides, para facilitar las condiciones para que se produzca la fecundación, o embriones humanos, para lograr un embarazo.

Entre las técnicas de baja complejidad figuran la estimulación ovárica, indicada en casos de trastornos de fertilidad femenina, que consiste en la administración de hormonas para favorecer la ovulación y aumentar la probabilidad de embarazo, y la inseminación artificial, en la que se introduce semen en el útero por medio de una cánula para facilitar el pasaje de los espermatozoides por el cuello del útero.

Según la OMS, la infertilidad afecta a entre el 12% y 15% de las parejas

De las técnicas de alta complejidad, tal vez la más conocida es la fecundación in vitro (FIV), en la que la fecundación, es decir la unión entre el óvulo y el espermatozoide, se produce fuera del organismo. El embrión resultante es transferido al útero, donde se implantará por sí mismo.

Previamente, la mujer es sometida a una estimulación de la ovulación con preparados hormonales. Luego se realiza una punción de los óvulos maduros, que son fecundados en el laboratorio con espermatozoides del hombre.

Esta técnica se utiliza desde 1978. Tras muchos años de estudios y después de innumerables intentos fallidos, el científico británico Robert Edwards y el ginecólogo Patrick Steptoe lograron el éxito con el nacimiento en el Reino Unido de Louise Brown, la primera «bebé de probeta», el 25 de julio de ese año.

Desde entonces, se estima que más de cuatro millones de niños nacieron gracias a la FIV. Brown tuvo en 2006 un hijo de manera natural.

En 2010, el Instituto Karolinska en Estocolmo reconoció la importancia de la FIV al otorgarle el Premio Nobel de Medicina a Edwards.

Un método alternativo a la FIV es la maduración in vitro (MIV), en la que se extraen óvulos inmaduros que son madurados en el laboratorio hasta que estén en condiciones de ser fecundados. De esta manera la mujer evita el tratamiento hormonal previo.

Foto: DPA/ ZB

En el caso de problemas de infertilidad masculina se realiza la inyección intracitosplasmática de espermatozoides (ICSI). Se trata de una técnica de microfertilización, que consiste en inyectar directamente un espermatozoide seleccionado en un óvulo.

Sin embargo, las tasas de éxito de las técnicas de reproducción asistida son relativamente bajas, por lo que muchas veces se necesita realizar varios intentos hasta lograr el embarazo.

Para aumentar la probabilidad de concebir, los médicos pueden transferir gran cantidad de embriones, lo que puede conducir a un embarazo múltiple, que aumenta las tasas de abortos, muertes fetales en útero, parto prematuro, entre otras complicaciones, y también incrementa los riesgos para la salud de la madre.

Actualmente, es habitual que se transfieran sólo entre dos y cuatro embriones.

Sin embargo, en enero de 2009 causó conmoción el alumbramiento de octillizos en un hospital de California. La madre, Nadya Suleman, divorciada, concibió a los bebés gracias a una FIV con esperma donado.

Es que la FIV, combinada con la donación de esperma u óvulos y el alquiler de vientre o maternidad subrogada pueden hacer realidad el sueño de tener hijos, tanto de parejas heterosexuales como de homosexuales y también de individuos.

Además de la cantidad de embriones transferidos en la FIV, otro factor controvertido es la edad límite de la mujer que quiera recurrir a una técnica de este tipo.

En septiembre de 2011, a una pareja italiana, cuyos miembros tenían entonces 58 y 70 años, le quitaron la custodia de su hija de 15 meses, nacida gracias a una FIV, porque los jueces consideraron que eran demasiado viejos y que la niña se quedaría huérfana muy pronto.

Unos dos meses después se conoció un caso similar en España, donde las autoridades le retiraron en diciembre de 2009 la custodia a una mujer que se sometió a una inseminación a los 50 años a los siete días de dar a luz, por considerar que no tenía capacidad para garantizar la integridad del bebé.

Por otra parte, la posibilidad de seleccionar y manipular los embriones reaviva el fantasma de la eugenesia, la aplicación de las leyes biológicas de la herencia para el perfeccionamiento de la especie humana.

En el diagnóstico genético preimplantacional se analizan los embriones para detectar enfermedades hereditarias o anomalías cromosómicas, seleccionando así los que serán transferidos al útero materno.

Pero también ha habido «bebés de diseño» que fueron concebidos para ser donantes de sus hermanos y ayudarlos a curarse de enfermedades raras. Ocurrió en España y también en Reino Unido, entre otros.

Todos estos tratamientos no están libres de controversias, debido a su potencial uso con fines discriminatorios, así como el uso y destino de los embriones «sobrantes», tanto de las FIV como cuando se aplicaron técnicas de diagnóstico preimplantacional. En estos casos es clave la definición del momento en que comienza la vida.

Los avances médicos en la reproducción asistida brindan cada vez más opciones para cumplir con el sueño de ser padres, pero también abren la discusión a importantes temas éticos y requieren la formulación o revisión de leyes que brinden un marco de acción para evitar abusos.