• Una madre necesita paciencia, perseverancia y probablemente una buena dosis de tolerancia al dolor

Lactancia materna: la ardua tarea de alimentar a un bebé

BUENOS AIRES (dpa) – El nacimiento de un bebé es por lo general un momento de felicidad. Sin embargo, la llegada de ese ser indefenso y desconocido es también una fuente de incertidumbre y de ansiedad en muchos aspectos.

Los expertos están de acuerdo en que alimentar al bebé exclusivamente con leche materna es la mejor opción desde el nacimiento hasta los 6 meses de edad del niño. La Organización Mundial de la Salud (OMS) subraya que la leche materna aporta todos los nutrientes que los niños necesitan “para un desarrollo sano”.

“Además es inocua y contiene anticuerpos que ayudan a proteger al lactante de enfermedades frecuentes como la diarrea y la neumonía, que son las dos causas principales de mortalidad infantil en todo el mundo. La leche materna es fácil de conseguir y asequible, lo cual ayuda a garantizar que el lactante tenga suficiente alimento”, señala la OMS.

La lactancia materna, la forma más natural de alimentar al bebé y de lograr cercanía con él, no está exenta de problemas.

“Los adultos que de pequeños tuvieron lactancia materna suelen tener una tensión arterial más baja, menos colesterol y menores tasas de sobrepeso, obesidad y diabetes de tipo 2″, dice la OMS.

Tiene además beneficios para la madre, incluida según la OMS una reducción a futuro del riesgo de cáncer de mama y ovario.

Los estudios científicos señalan que la inmensa mayoría de las madres pueden amamantar, y que la composición de la leche varía muy poco entre una madre bien alimentada y otra con una alimentación pobre, entre una en un país rico y otra en cualquier otro lugar del mundo.

Además, amamantar acerca al bebé recién llegado y a su madre y establece entre ellos un vínculo hermoso. Aprenden a conocerse, y en muchos casos pasan horas y horas intercambiando sonrisas, caricias y complicidad además de alimento y anticuerpos.

El catálogo de razones para optar por la leche materna es amplio, y aun así dista en muchos casos de ser una opción fácil: durante los primeros días e incluso semanas la experiencia es para muchas mujeres bastante menos que placentera.

“La lactancia materna requiere aprendizaje y muchas mujeres tienen dificultades al principio. Son frecuentes el dolor en el pezón y el temor a que la leche no sea suficiente para mantener al niño”, dice la OMS.

La presión crece rápidamente sobre la madre, en su afán por darle a su recién nacido lo mejor, lo que recomiendan los expertos, y por verlo crecer rápidamente, sano y fuerte. Desde las primeras tomas surgen las dudas sobre si el bebé toma lo suficientemente a menudo, si duerme demasiado y hay que despertarlo, si la madre tiene o no leche “buena” o “suficiente”.

No hay leche materna de mala calidad

Los expertos dicen que, salvo rarísimas excepciones, no hay leche materna de mala calidad, y que cualquier madre está en condiciones de producir suficiente para satisfacer las necesidades de su bebé siempre que al pequeño se le permita tomar a demanda, o sea, siempre que lo necesite, sin establecer horarios.

Pero la presión por lograr una lactancia exitosa puede en sí misma conspirar contra el objetivo. Y es probable que un ejército de madres, suegras y amigas ofrezca opiniones menos rigurosas respecto a frecuencia y posturas para amamantar, y comentarios de todo tipo sobre otros bebés, otras madres, otros casos.

Los pediatras aportarán sus cifras, datos de crecimiento que son cruciales para el desarrollo normal del niño pero que es necesario evaluar en un contexto: un percentil bajo significa que hay estadísticamente bebés más grandes, pero probablemente no que el niño en cuestión no tenga un peso o una talla adecuados.

En el caso de un bebé de bajo peso o con dificultades médicas comunes, como un exceso de bilirrubina, es relativamente frecuente que le cueste succionar o que esté excesivamente somnoliento y débil en sus primeros días.

Esta falta de aptitud física y técnica será muy probablemente temporal y se resolverá con práctica por parte del bebé, su madre y el tándem único que forman. Se puede superar, por ejemplo, dando de mamar más tiempo de un solo pecho, en lugar de ofrecer ambos en cada toma.

Sin embargo, la urgencia por que el bebé gane peso llevará en algunos casos a introducir leche de fórmula en su alimentación, lo cual puede iniciar un círculo vicioso en el que la producción de leche de la madre disminuye y se hace más necesaria la leche maternizada.

El padre, el compañero de viaje más cercano del bebé y su madre, puede sentirse excluido de la crianza en los primeros días. Un biberón le permitiría posiblemente acercarse más a su hijo, y eso puede predisponerlo en contra de la lactancia exclusiva incluso de manera inconsciente.

La falta de descanso que a menudo acompaña los primeros meses de vida de un bebé puede tener un efecto similar, llevando a la madre a dejar a terceros alimentar a su hijo con biberón para arañar algunas horas de sueño extra.

Los 30 primeros días son los más difíciles. La lactancia necesita aproximadamente de ese tiempo para que se instale y funcione óptimamente,” les dice Laura Lines, puericultora y asesora en lactancia materna en Buenos Aires, a las embarazadas que asisten a sus cursos.

“Si bien el amamantamiento es un hecho natural y biológico, no deja también de ser un aprendizaje para la mamá y el bebé. Como todo aprendizaje necesita tiempo, apoyo y muchas veces orientación.”

Incluso más allá de los primeros días, pueden surgir problemas. Los taponamientos de conductos mamarios y las infecciones de mama (mastitis) son infrecuentes, pero no raros, y pueden ser muy dolorosos y a veces hasta requerir tratamiento con antibióticos. Hay casos en los que malas experiencias pasadas de este tipo, tal vez con hijos mayores, llevan a la madre a optar directamente por la leche de fórmula.

Para llegar a buen puerto con la lactancia materna exclusiva, según lo que aconseja la OMS, una madre necesita paciencia, perseverancia y probablemente una buena dosis de tolerancia al dolor, además de cierta capacidad de aislarse de los comentarios de su entorno y la lucidez de buscar consejo en fuentes con formación y experiencia para darlo.