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Salud

La crianza de los hijos en tiempos de modernidad: papá y mamá deben salir a trabajar

Foto: DPA / Dumont Bildarchiv

BUENOS AIRES (dpa) – ¿Qué precisan las madres de hoy en día para criar a sus hijos? “Compañía. Las mamás actuales estamos muy solas, más que en otras épocas. Con suerte somos una pareja, un señor y una señora entre cuatro paredes, tratando de calmar a un niño. Siendo solo dos, somos demasiado pocos”.

Así se expresa Laura Gutman, terapeuta familiar especializada en crianza, que en febrero presentará en España su libro más reciente, “El poder del discurso materno”.

“Tras una larga vida laboral activa, abuelas y tías trabajan o tienen sus rutinas establecidas”, señala Natalia Sterlino, directora de emprendimientos vinculados a la maternidad y crianza, como el blog “Nidos en Red”. “Una característica de esta época es la carencia de red, es decir, ya no está la familia ampliada con disponibilidad para co-criar a los niños”.

Y cuando la madre decide no trabajar fuera de casa para dedicarse en exclusiva a cuidar a sus hijos, lo más frecuente es que esté sola todo el día, sin adultos que la acompañen a transitar en lo cotidiano las múltiples emociones que despierta el mundo infantil, y en definitiva, el hecho de criar a un ser humano.

El desarrollo del cerebro en los tres primeros años de vida es el eje central del desarrollo integral del niño

Para contrarrestar esta suerte de aislamiento, en las metrópolis se está instalando la costumbre de que las madres de niños pequeños se procuren compañía entre sí, reuniéndose al menos una vez por semana en la vivienda de una de ellas. La iniciativa permite que estas mujeres se conecten con pares y así generen nuevos lazos de comunidad, al tiempo que favorecen el juego de los chicos.

También avanza la tendencia de recurrir a las doulas, mujeres que acompañan a embarazadas y madres incipientes en ese tránsito crítico e intenso de la femineidad para procurarles bienestar, asesoramiento y apoyo, como antaño las redes familiares.

A sus 25 años, la doula Valeria Pons Zusis es madre de un varón de dos años y una niña de 5 meses. Dejó su trabajo administrativo para abocarse a la maternidad, tanto mediante la crianza de sus hijos, como compartiendo su tiempo con otras madres en su rol de doula e impulsando iniciativas que van desde la lactancia hasta el porteo del bebé, que consiste en llevarlo sobre el cuerpo de la madre en fulares portabebés mientras se realizan otras actividades.

“Creo con convicción que los portabebés de tela son el objeto que más puede ayudar a una madre que desea criar a su hijo con apego desde el día de su nacimiento. Facilita el amamantamiento y está muy recomendado como ‘Método Mamá Canguro’ en casos de nacimientos prematuros. Pero además es maravilloso poder estar piel a piel, en constante contacto con tu bebé”, señala.

Por contraste, en el mercado abundan los aparatos que reemplazan la mirada, la escucha y los brazos maternos al igual que el cuerpo. Por enumerar algunos: las mamaderas, los baby-call, las pequeñas sillas mecedoras que se hamacan a pila, los muñecos que imitan el latido cardíaco y las cámaras para vigilar de distancia.

“Con todo esto de alguna forma logramos mecanizar el proceso de la maternidad. Vivimos en un mundo empecinado en desprestigiar la maternidad y la crianza. Pareciera que el cuidado de los bebes y los niños pequeños no tendría ninguna influencia mas allá de la infancia misma, y ni hablar de la sociedad”, señala Laura Krochik, creadora de la Asociación Civil Argentina de Puericultura (Acadp).

“Existen factores genéticos y económicos, entre otros, que definen el equilibrio emocional de una sociedad y sus grados de violencia. Sin embargo, la variable que mejor lo hace es el tipo de cuidado que se les da a los niños y a las personas de las que dependen esos niños, que les permitan crecer y estar física y emocionalmente sanos”, sostiene Krochik, con dos décadas de experiencia en acompañar la maternidad de centenares de mujeres.

“El desarrollo del cerebro en los tres primeros años de vida es el eje central del desarrollo integral del niño, ya que es en este periodo donde ocurren los eventos más importantes de su maduración”. Por eso también la necesidad de que los padres acompañen esta evolución física de sus hijos con protección emocional.

“La gran diferencia radica en una crianza con o sin apego, en el tipo de parto, en la separación precoz de la mamá y el bebé, en la existencia o no de una lactancia prolongada, en el respeto por las necesidades de los niños de tener contacto piel con piel, diurno y nocturno, la respuesta rápida ante el llanto de los niños”, indica la presidenta de Acadp, que en marzo lanzará la carrera de Formación en Puericultura y Crianza, en Buenos Aires.

Cuando ambos padres deben salir a trabajar

En referencia a madres y padres que trabajan por igual fuera de casa y, por consiguiente, la necesidad de dejar a los bebés en una guardería o en la casa con una cuidadora, Sterlino destaca que “hoy en día está apareciendo la tendencia a fomentar una mayor presencia con los hijos, como una necesidad imperiosa del vínculo -tiempo, contacto, y disponibilidad- que hasta ahora era dejada de lado, como si lo laboral hubiera ganado por sobre la maternidad”.

Tessa García es uruguaya, madre y periodista. Antes de quedar embarazada, trabajaba como redactora en un periódico y vivía en el centro de Montevideo. En la dulce espera se mudó con su marido a un barrio a una hora de viaje “para tener un jardín. Dejé mi empleo porque no quería tener que dejar al bebé con otra persona, cambiando mi sueldo por el de ella con apenas unos pesos de diferencia. Tampoco me gustaba ver a mujeres a mi alrededor que manejaban por teléfono todo lo que sucedía en sus hogares”.

“Elegí suspender el estilo de vida que llevaba y criar a mis hijas exclusivamente. Pero no es que la decisión me haya sido indiferente, ni mucho menos. Me la paso analizando cómo es el trabajar fuera de casa, y cómo es ser madre en exclusiva. De hecho, ¡tengo un blog entero dedicado a la maternidad y a los conflictos de ser persona-ser madre!”.

Todo niño pequeño precisa una madre capaz de indagar en su interior, una madre capaz de enterarse de qué le ha acontecido cuando ella misma fue niña, reconocer su propio desamparo y luego comprender con compasión cuáles son sus dificultades emocionales hoy, que le impiden entrar en contacto íntimo con su bebe o niño pequeño. Todo lo que necesita un niño, es una madre consciente y deseosa de comprenderse más”, sugiere Gutman en su libro.

Convocada en diversos países de América Latina para dar conferencias sobre la maternidad, la experta señala que “no sirve mucho pedir que alguien se ocupe de los niños mientras intentamos desaparecer. Porque luego, al regresar, estaremos otra vez solas y desesperadas.

Pidamos que alguien respetuoso permanezca con nosotras el tiempo que sea posible, mientras amamantamos, o estamos en casa, o jugamos, o simplemente observamos a nuestros hijos. ‘Respetuoso’ significa eso: ninguna madre necesita opiniones suplementarias respecto a la crianza. Sólo necesitamos compañía”.

Foto: DPA / Dumont Bildarchiv