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Salud

Vuelven a mover sus piernas luego de sufrir graves lesiones medulares

Foto: ABC

(Caracas, 08 de abril. Noticias24). – Rob Summers fue el primero. En 2005 este joven de 25 años de edad, paralizado de cintura para abajo desde hacía cinco años a consecuencia de un accidente de tráfico, pudo mantenerse en pie y empezar a caminar ayudado de un arnés tras más de dos años de un tratamiento combinado de estimulación eléctrica de la médula y un programa de rehabilitación exhaustiva.

Ahora ya son cuatro. A Summers se le han unido Andrew Meas, Dustin Shillcox y Kent Stephenson. Estas cuatro personas con parálisis son ya capaces de mover voluntariamente sus músculos paralizados gracias a la terapia basada en la estimulación eléctrica de la médula espinal. Todos, inmóviles desde hace ya más de dos años, han sido capaces de flexionar voluntariamente los dedos de los pies, tobillos y rodillas mientras que un electroestimulador estaba activo, y sus movimientos han mejorado cuando la terapia se ha combinado con la rehabilitación física. Los autores creen que su trabajo “tiene el potencial de cambiar el pronóstico de las personas con parálisis”, incluso en aquellos casos que llevan años paralizados.

“Cuando supimos que un paciente había recuperado el control voluntario como resultado de la estimulación de la médula espinal, fuimos optimistas, pero con reparos”, señala Roderic Pettigrew, director del Instituto Nacional de Imágenes Biomédicas y Bioingeniería (NIBIB) de los Institutos Nacional de la Salud (NIH) de EE.UU. “Ahora que la terapia ya ha logrado resultados en 4 personas podemos afirmar que ya existe una ‘evidencia’ que muestra que esta alternativa puede beneficiar a estas personas“.

Uno de los hallazgos más impresionantes e inesperados del estudio que se publica en “Brain” es que dos de los pacientes que se beneficiaron de la estimulación de la médula tenían una parálisis completa del sistema motor y sensorial. Estas dos personas tenían seccionada la comunicación nerviosa a los miembros inferiores, es decir, la ‘vía de comunicación’ entre el cerebro y los miembros inferiores. Y, a pesar de que los investigadores habían pensado que para que la terapia fuera efectiva tenía que existir comunicación sensorial, este trabajo demuestra que no.

Estudio piloto

Todo comenzó en 2009 cuando se inició un pequeño ensayo piloto para determinar si una terapia basada en la electroestimulación de la médula más un programa de entrenamiento diario en una cinta andadora podría ayudar a las personas con parálisis a recuperar cierta capacidad para moverse. En ese ensayo se implantaron a Summers 16 electrodos en su médula espinal y se le sometió a un programa de entrenamiento en el que quedaba suspendido, gracias a un arnés, en una cinta caminadora mientras que se le ayudaba a permanecer de pie o a caminar, al mismo tiempo que se le administraban impulsos eléctricos a su médula espinal justo por debajo de la lesión.

El objetivo de la estimulación era potenciar la sensibilidad de los “circuitos internos de la médula espinal”, encargados de las funciones motoras básicas sin la participación del cerebro, como por ejemplo el reflejo de la rodilla que se produce al pisar una clavo. Y, aunque no es lo suficientemente potente para inducir directamente la activación muscular por sí mismo, los investigadores creen que la estimulación podría conducir al movimiento cuando se combina con la información sensorial que se produce al pisar una cinta andadora.

En el primer ensayo, que se publicó en “The Lancet”, Summers logró soportar su peso durante 4 minutos gracias al estimulador. Pero lo más sorprendente es que a los 6 meses Summers descubrió que había recuperado algo de control voluntario en sus piernas. Un hecho relevante porque el movimiento “intencionado” requiere que la información viaje desde el cerebro hasta la médula espinal inferior, un camino cercenado por su lesión. Otras limitaciones de Summers también mejoraron con el tiempo y sin estimulación, como el control de la vejiga y la función sexual.

En el nuevo trabajo, el equipo de Claudia Angeli, del Spinal Cord Injury Center de la Universidad de Kentucky, se han incluido tres pacientes más, dos de ellos con parálisis completa sensorial y motora. Y, apenas unos días después del inicio de la estimulación, los tres recuperaron cierto control voluntario de los músculos paralizados. “Los pacientes recuperaron el movimiento voluntario a los pocos días”, señala la investigadora Susan Harkema.

¿Cuál es el mecanismo? Los investigadores especulan con que puede haber conexiones latentes en las personas con parálisis motora completa y no una escisión completa de las regiones superior e inferior. «Es posible que exista algún tipo de contacto, pero que dichas conexiones no sean funcionales», explica V. Reggie Edgerton, profesor de la Universidad de California-UCLA. Así, «la estimulación de la médula podría haber despertado dichas conexiones».

Otro de los aspectos que subrayan los investigadores es que cada paciente podría modular sus movimientos en respuesta a una señal auditiva y visual. Es decir, podían sincronizar el movimiento de la pierna, el tobillo y los pies en función de un estímulo, visual o auditivo. “El hecho de que el cerebro es capaz de utilizar unas pocas conexiones para procesar esta información visual y auditiva es sorprendente –reconoce Edgerton-. Nos dice que la información del cerebro llega al lugar correcto de la médula espinal, de modo que la persona puede controlar, con bastante exactitud, sus movimientos”.

27 electrodos

Con el apoyo del NIBIB el equipo de Edgerton está desarrollando una matriz de 27 electrodos, en vez de los 16 empleados en este estudio, para ver si proporciona un control más ‘fino y potente’ de la locomoción. “La tecnología usada en este ensayo se diseñó inicialmente para la supresión del dolor de espalda, pero sabemos que lo podemos hacer mucho mejor -subraya Edgerton- Es decir, queremos ser capaces, para un movimiento determinado, de seleccionar exactamente dónde y cómo estimular la médula espinal, algo que con la técnica actual no podemos“.

Además Edgerton está trabajando en proyectos para explorar si este tipo de estimulación puede utilizarse para ayudar a los pacientes con parálisis de los miembros superiores y, además, si es posible generar estimulación de la médula a través de la piel (por vía transcutánea ), lo que evitaría la necesidad de la implantación quirúrgica.

Repensar los tratamientos

Lo cierto es que las implicaciones de este estudio son enormes y los científicos ya pueden tener esperanzas de que la estimulación podría ser uno de los componentes de los tratamientos para la parálisis. Y aunque hay mucho trabajo por hacer, Harkema cree que estos resultados proporcionan suficiente evidencia para desafiar las creencias actuales sobre el pronóstico de los pacientes con lesiones medulares graves. “Ya no vale pensar que no hay nada que podamos hacer. Tenemos que ‘repensar’ el abordaje de estos pacientes”, asegura Susan Harkema.

Lo mismo crer Edgerton: “Es una nueva forma de ver la lesión medular motora completa. Ya no se trata de ‘regenerar los nervios’ para recuperar la función. Los resultados en los cuatro pacientes sugieren que esto es en realidad un fenómeno común en las personas con parálisis completa”.

Con información de abc.es