Desde que me atracaron me da miedo salir de la casa. ¿Será que tengo una neurosis?

Algunas personas que sufren ataques de pánico apenas se atreven a salir de casa. Crédito: Daniel Modjesch/dpa/tmn

BERLÍN (dpa) .- Un hombre siente miedo y desconoce el motivo. Una mujer tiene constantemente la sensación de que su corazón va a pararse en cualquier momento a pesar de que no tiene problemas cardíacos. Otra mujer siente un hormigueo en todo el cuerpo desde hace días y a menudo cree que sus piernas dejarán de sostenerla. Todas estas sensaciones podrían ser síntomas de una neurosis.

Hoy en día prácticamente solo se habla de “neurosis” de una manera coloquial, los médicos ya no utilizan este término. Lo que antes se llamaba neurosis es lo que en la actualidad conocemos como un trastorno por ansiedad. Estos trastornos pueden tratarse y en el mejor de los casos curarse si se sigue una psicoterapia.

El concepto de neurosis va más allá de todas estas definiciones. “Ya no se trata de un término que proviene de un sistema clasificatorio actual”, explica la profesora Sabine C. Herpertz, miembro de la junta directiva de la Asociación de Psiquiatría, Psicoterapia y Neurología en Berlín.

Los trastornos psíquicos ocupan el cuarto lugar en los casos de invalidez

Estos trastornos se manifiestan de diversas maneras. Algunos pacientes tienen molestias a la hora de tragar alimentos o la impresión de tener un nudo en la garganta. Otros están tristes aparentemente y se enfrentan siempre con el mismo problema o sufren de ataques de pánico sin motivo. “El miedo es un síntoma muy generalizado”, comenta Herpertz, quien dirige la clínica de Psiquiatría en la Universidad de Heidelberg.

El paciente enfermo es consciente de que hay algo que no funciona. El consejo de dejar de pensar en estos temores no le sirve de nada. “El sentido común sano no es suficiente para superar un sufrimiento continuo de la psique”, resalta Nina Heindrichs, catedrática de la Clínica de la Universidad de Bielefeld. La doctora argumenta que nadie esperaría una reacción semejante de una persona que estuviera enferma físicamente.

Las molestias psíquicas y especialmente las neurosis no son situaciones raras y se están convirtiendo en una enfermedad de la sociedad actual. Los trastornos psíquicos ocupan el cuarto lugar en los casos de invalidez. Una de cada tres personas que pide una prejubilación lo hace por ese motivo.

Muchas personas temen que se las trate de locas si recurren a la ayuda de un especialista

La persona aquejada de molestias de índole neurótico debería acudir a un especialista en psicoterapia. Sin embargo, atreverse a ir a la consulta de un médico de esta especialidad no siempre es fácil. Muchas personas temen que se las trate de locas si recurren a la ayuda de un especialista. Entretanto se ha perdido un poco esta imagen y poco a poco la gente ha cambiado su manera de pensar en lo que a esto se refiere. “La psicoterapia ya no es un tema tabú como podía ser hace un tiempo”, comenta Heinrichs.

Durante las primeras horas se trata de conocerse y descubrir conjuntamente si es necesario hacer una terapia. Después de esta sesión de prueba, el paciente debe decidir si quiere trabajar con ese médico y si se atreve a confesarle sus miedos y deseos. “El paciente debe ver al terapeuta como alguien competente y de confianza”, insiste Herpertz. Después de medio año de terapia debería notarse una mejora.

Por norma general, el paciente va una vez por semana a la consulta. En una sesión cuenta sus miedos y angustias. El paciente y el terapeuta están sentados uno frente al otro. El especialista escucha, pregunta, da su opinión y ayuda a encontrar soluciones.

problemas con un padre dominante o una madre histérica. Si la persona vuelve a vivir una situación parecida como adulto, reacciona de nuevo como lo hizo en su infancia, se entristece y sufre miedo.

No se puede decir de manera general de dónde vienen las neurosis. Los trastornos del miedo pueden ser la causa de un conflicto del inconsciente. En este caso, los orígenes pueden estar en una infancia problemática o en un trauma que todavía no haya sido asimilado. Pero también puede provocarlos un conflicto actual, por ejemplo en la pareja.

“Si un conflicto no se ha solucionado en la infancia o en la juventud, puede seguir latiendo”, explica el catedrático Peter Falkai, quien dirige la Clínica de Psiquiatría y Psicoterapia en Gotinga. Y como ejemplo cita problemas con un padre dominante o una madre histérica. Si la persona vuelve a vivir una situación parecida como adulto, reacciona de nuevo como lo hizo en su infancia, se entristece y sufre miedo.

El problema es que los conflictos que no se han solucionado permanecen en el inconsciente. Durante la charla con el terapeuta el paciente volverá a vivir estas situaciones conflictivas que marcaron su vida. Los conflictos del inconsciente salen de nuevo a la superficie y por fin pueden ser procesados o asimilados.

Las posibilidades de curarse dependerán del tipo y duración del trastorno. “En general son buenas, concretamente en casos de trastornos de miedo”, dice Herpertz. Sin embargo, el pronóstico empeorará cuanto más se espere en empezar un tratamiento.

Por Sabine Maurer