Según un estudio el exceso de testosterona en el vientre materno hace que unas personas sean más desconfiadas que otras

Foto: Femenina

(Londres, 27 de febrero. Dpa) – Un estudio publicado en la revista “Biology Letters” asegura que quien fue gestado en un seno materno con niveles altos de testosterona confía menos en otras personas a lo largo de su vida.

El estudio indica, no obstante, que eso no lleva a que las personas desconfiadas puedan reconocer mejor posibles engaños, estafas o quiénes son poco fiables, algo que se creía antiguamente.

Estudios previos aseguran que la cantidad de testosterona absorbida por un bebé en el seno materno puede comprobarse a través de los dedos de la mano, más precisamente midiendo la relación entre la extensión del índice y del anular.

Si la diferencia del largo del índice y el anular es pequeña, el nivel de testosterona en el seno materno fue mayor que en aquellas personas en las que la diferencia del largo entre ambos dedos es mayor.

La cantidad de testosterona absorbida por un bebé en el seno materno puede comprobarse a través de los dedos de la mano

Existen numerosos estudios dedicados a los efectos de la testosterona, que si bien es considerada una “hormona masculina” también es un factor de relevancia en el cuerpo femenino.

Algunas investigaciones indicaban que la testosterona aumentaba la atención y por ello llevaba a detectar el riesgo a ser engañado.

En el estudio de reciente publicación, el equipo liderado por Wim de Neys, de la Universidad Paris Descartes, de Francia, tomó como objeto a 144 estudiantes mujeres, a las que les pidió que invirtieran cierto dinero.

La consigna consistía en observar fotos y luego decidir si le entregarían dinero a la persona de la imagen. En caso de confiarle el dinero a esa persona, los científicos decían que la suma entregada sería triplicada y que quien la recibía decidiría cuánto dinero le devolvía a la inversora.

Los individuos retratados eran personas que habían participado en un estudio anterior y debían decir cuánto dinero les devolverían a sus potenciales inversores. Podían elegir entre “nada”, “la misma suma que recibí” o “la mitad del monto total”. Según lo elegido, se los catalogaba como más o menos confliables.

Los investigadores querían ver si las inversoras podían leer determinados rastros del grado de fiabilidad en el rostro de los retratados.

Finalmente las inversoras optaron fundamentalmente por individuos que se habían declarado dispuestos a devolver el dinero. La parte inversora confió en general más en mujeres que en hombres.

Pero lo sorprendente fue que las inversoras que mostraban una diferencia menor entre el índice y el anular, es decir, que habían absorbido un nivel elevado de testosterona en el seno materno, eran más desconfiadas: sólo entregaron su dinero en un 39 por ciento de los experimentos, mientras que las demás lo hicieron en un 49 por ciento de los casos.

Además, según los resultados finales, las inversoras más desconfiadas no reconocieron con mayor exactitud la fiabilidad de sus interlocutores que las otras encuestadas.

Con estos resultados, los investigadores creen respaldar la conclusión de que la mayor desconfianza evidenciada en estos casos no protege del engaño o la estafa. Al parecer, quienes abosrbieron más testosterona se preocupan más por su estatus, algo que, según señalaron, puede ser perjudicial a nivel económico porque lleva a que las ganancias económicas sean menos probables.