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Tecnología

Unos niños de un barrio pobre de Santiago triunfan en el Mundial de Robótica

La imagen no está relacionada con la noticia. Foto: Hank Morgan – Rainbow/Science Faction

Vencer en una competición internacional es siempre motivo de orgullo, pero si son unos niños del barrio más pobre de Chile los que ganan el Mundial de Robótica, entonces se convierte en una verdadera proeza.

En la comuna de La Pintana viven 17.000 familias obreras, el desempleo supera el 15 por ciento y en las tiendas ya no se fí­a. La Pintana registra el mayor í­ndice de delincuencia juvenil de todo Chile y sólo dos de cada diez niños logra terminar la enseñanza secundaria.

Reporte especial de EFE TV

Es en esta comuna del sur de Santiago donde Franco Lillo y sus compañeros del Colegio Nocedal crearon el proyecto que obtuvo el primer premio en el Mundial de Robótica First Lego League 2009, celebrado en Estados Unidos el mes pasado.

Franco tiene 16 años y al igual que sus amigos ha vivido toda su vida en La Pintana. El año pasado, su profesor de Tecnologí­a, Patricio Acuña, les propuso presentarse al concurso de robótica más importante de Estados Unidos, la Lego League, un certamen al que sólo en Chile se presentaron 129 colegios, y miles alrededor del mundo.

Acuña incentivó a sus alumnos para idear un proyecto que ayudara a revertir el calentamiento global. Nueve jóvenes se pusieron manos a la obra para crear un robot ecologista

Cuando Franco se enteró de que el profesor Acuña estaba buscando voluntarios no lo dudó ni un instante.

«Yo fui el último en entrar al grupo. El profesor fue poniéndome pruebas y yo las cumplí­ correctamente. Así­ fue como logré participar«, recuerda con orgullo.

Sin saber lo que les esperaba, el equipo de los «Spectrum Bots» superó todas las pruebas nacionales y viajó a Estados Unidos para representar a los colegios chilenos.

«Muchos pueden llegar en nuestro paí­s a este nivel y superarlo si hay un trabajo bien hecho, si se unen profesores, padres y alumnos», asegura Miguel Arce, director del colegio Nocedal.

Pero una vez obtenida la clasificación, el problema fue conseguir recursos para viajar a Atlanta (EEUU), donde se celebrarí­a la fase final del campeonato.

Hací­an falta 21 millones de pesos (unos 3.700 dólares) para pagar el traslado y la estancia. Ninguna de las familias de los jóvenes inventores tení­a recursos para ello, pero con la ayuda del Ministerio de Educación, los chicos hicieron las maletas y viajaron a Estados Unidos el pasado 16 de abril.

«En el colegio nos ayudaron a perfeccionar nuestro robot antes del concurso. Nos dejaban faltar a clases para tener el proyecto a punto y en las vacaciones nos juntábamos para afinar detalles«, comenta Franco.

Y así­ nació el pequeño héroe de esta historia, «Spectrum«, un robot autónomo desarrollado con la tecnologí­a Lego Mindstorms, elegido campeón mundial en la categorí­a de «Innovación Tecnológica» gracias a su complejo sistema de riego automático.

El prototipo tiene como misión facilitar la forestación del planeta mediante la irrigación de agua con energí­a solar. La cantidad de agua que requiere para funcionar es regulada mediante un dispositivo que se conecta directamente a la raí­z del árbol.

El robot funciona de manera autónoma y no requiere manipulación humana alguna, lo que reduce los costos de mantenimiento

El interés y la determinación de estos muchachos fue lo que les aseguró el triunfo, enfatiza el director del colegio.

«Todos son chiquillos que están en la adolescencia, a los que les gusta hacer deporte, estar con los amigos, salir; pero ellos estuvieron un mes entero trabajando intensamente en este proyecto«, explica Miguel Arce.

Muy pocos entienden cómo un puñado de jóvenes de la comuna más pobre de Chile logró el primer lugar en un concurso que reúne a representantes de los paí­ses más desarrollados del mundo.

Para el profesor Acuña, cuando no hay recursos económicos, lo importante es explotar la creatividad. «Ganamos por el trabajo bien hecho porque la creatividad está ahí­, lo único que hay que hacer es desarrollarla«, asegura.

Es lo mismo que piensan Franco Lillo y sus compañeros, que ahora sueñan con estudiar tecnologí­a, computación e ingenierí­a, para seguir inventando.

«El esfuerzo valió la pena, nos dimos cuenta que con esfuerzo y perseverancia se pueden lograr las cosas«.

Ví­a EFE