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Tecnología

Empresas cubanas migran de Windows a Linux para “no ser espí­ados”

Foto: EFE/Andrew Gombert

Empresas cubanas comenzaron a utilizar una variante del sistema operativo de “software libre” Linux como alternativa a Windows, considerado en la isla como un instrumento de dominación tecnológica de su enemigo Estados Unidos y por temor a que Microsoft pase datos a Agencias de Seguridad.

Según el semanario oficial Trabajadores, varias empresas del Estado adoptarí­an “Nova”, la adaptación cubana de Linux. La publicación no dijo cuántas ni cuáles empresas lo aplicarí­an.

“Por el momento estamos tratando de insertarnos en los entornos que predominan en las empresas (…) Tratamos de llegar con una interfaz lo más parecido a la que los usuarios conocen, en este caso Windows”, dijo Angel Goñi, que dirige el proyecto desde su creación en el 2005.

Según datos oficiales, un 80 por ciento de las redes de Cuba y un 20 por ciento de las terminales corren sobre Linux.

El sistema operativo de código abierto es utilizado en la Aduana y los ministerios de Educación Superior y en el de Informática.

Cuba ve el uso de Linux como una cuestión de seguridad nacional.

Las autoridades comunistas de la isla sostienen que el software del gigante estadounidense Microsoft es un arma de doble filo, porque el fabricante puede pasar sus códigos a las agencias de seguridad del enemigo.

“No tenemos forma de protegernos si no es a través del software libre, que nos permite ser independientes”, dijo a Trabajadores el decano de la Universidad de Ciencias Informáticas, Alain Guerrero.

La mayorí­a de las computadoras de la isla usan copias piratas de Windows, cuya licencia no puede ser adquirida en Cuba debido al embargo comercial estadounidense de 1962.

A diferencia de los programas comerciales, los códigos de programación de Linux son de libre acceso y pueden ser modificados por los usuarios para adecuarlos a sus necesidades.

El anuncio de que Linux comenzarí­a a ser utilizado por las empresas estatales cubanas coincide con un momento de aparente enojo de las autoridades cubanas con el Gobierno del presidente estadounidense, Barack Obama.