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Tecnología

Piccar volverá a dar la vuelta al mundo pero en un avión que funciona con energí­a solar

Foto: El «Solar Impulse» es el avión propulsado por enerdí­a solar con el que el aventurero suizo Bertrand Piccard quiere dar la vuelta al mundo/DPA

Hace unos años, Bertrand Piccard hizo historia: en 1999, se convirtió en el primer hombre en dar la vuelta al mundo en un globo aerostático sin hacer escalas. Ahora, este aventurero suizo se prepara para una nueva hazaña. Quiere volver a dar la vuelta al mundo, pero esta vez en un avión que vuela sólo con la energí­a del sol.

En seis años, Piccard y su equipo construyeron un avión muy liviano y con unas alas muy grandes llamado «Solar Impulse», lo que en inglés significa Impulso Solar.

Las alas son casi tan largas como las de un avión de pasajeros tipo Airbus A340 o Boeing 747. Pero el aspecto del aparato es más bien el de un avión planeador. Con la diferencia de que éste tiene hélices.

Además, tiene otra cosa en particular: sus alas están cubiertas por una gran cantidad de células fotoeléctricas. í‰stas son unas piezas electrónicas que transforman la luz del sol en energí­a eléctrica. También se les llama celdas fotovoltaicas. Con la energí­a eléctrica que producen, hacen funcionar los motores eléctricos que mueven las hélices del avión.

Pero con esta tecnologí­a, el «Solar Impulse» sólo podrí­a volar de dí­a, cuando haya sol. El gran desafí­o está en volar también de noche, en la oscuridad. Para que eso sea posible, el avión lleva unas baterí­as que durante el dí­a almacenan una parte de la energí­a generada por las células fotoeléctricas.

el avión no puede llevar mucho peso. Apenas caben los aparatos que necesita y el piloto. í‰ste va sentado en una cabina muy estrecha que es más pequeña que una cabina para ducharse.

Para que todo esto funcione, el avión no puede llevar mucho peso. Apenas caben los aparatos que necesita y el piloto. í‰ste va sentado en una cabina muy estrecha que es más pequeña que una cabina para ducharse.

Como es muy incómodo volar así­, la idea es que Piccard se vaya turnando con otro piloto, su amigo André Borschberg. Cada tres o cuatro dí­as, el «Solar Impulse» aterrizará y un piloto sustituirá al otro para que éste pueda descansar.

De todas formas, el piloto corre el riesgo de quedarse dormido. Para que eso no pase, Piccard y Borschberg llevarán puestas unas chaquetas especiales que empezarí­an a vibrar si eso ocurriese. Lo que todaví­a no tienen solucionado es cómo ir al baño metidos en esa cabina tan pequeña y volando durante dí­as sin parar.

El viaje, que comenzará en unos meses, tardará 20 dí­as, más o menos. Pero el objetivo de Piccard no es sólo lograr una nueva hazaña. Con esta aventura quiere además demostrar que es posible hacer volar un avión con energí­a limpia, que no contamine el medio ambiente. Es decir, sin utilizar combustibles fósiles como el queroseno que usan los aviones normales.

Los combustibles fósiles con aquellos que se formaron por los restos de plantas y animales muertos, como el petróleo. Algún dí­a se acabarán, lo que no sucederá con la energí­a del sol.

«Si logramos volar en un avión con energí­a solar y que no usa combustible, nadie podrá decir en el futuro que no es algo que también pueda funcionar en automóviles, sistemas de calefacción y otros aparatos», dice Piccard.

Ficha técnica del «Solar Impulse»

í‰stos son los principales datos del «Solar Impulse», el avión de energí­a solar con el que Bertrand Piccard quiere dar la vuelta al mundo:

Foto: DPA

– envergadura de las alas: unos 63 metros, similar al Airbus A340.

– longitud: unos 22 metros

– peso: unos 1.600 kilogramos. Es lo que pesa un automóvil grande.

– velocidad media: 70 kilómetros por hora

– potencia: cuatro motores de diez caballos cada uno, con lo cual usa menos fuerza para volar que muchos automóviles pequeños para circular.

– celdas fotovoltaicas: en total 11.628, la mayorí­a de ellas en las alas.

– altitud de vuelo: unos 8.500 metros, similar a la de un avión de pasajeros.

– baterí­as: pesan en total unos 400 kilogramos, lo que equivale al peso de una vaca.

– coste: unos 100 millones de dólares (70 millones de euros)

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