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Tecnología

Universitarias estadounidenses crean máquina para separar la sangre de solo 30 dólares

Dos estudiantes universitarias estadounidenses crearon con utensilios de la vida cotidiana una centrí­fugadora para separar los componentes de la sangre que no necesita electricidad, tiene un coste de 30 dólares y será probada en paí­ses africanos y en Ecuador.

“Nuestra máquina la llamamos ‘Sally’ y está hecha con un girador de ensaladas (para secar lechuga), pedazos de peine, contenedores de yogur, una pistola de goma caliente, lo accionamos presionando un tubo y a los 10 minutos de girar la sangre está separada, en total gastamos 30 dólares”, dijo a Efe Lauren Theis, una de las inventoras.

Theis, de 18 años, y Lila Kerr, de 20, que estudian respectivamente ciencias polí­ticas y sociologí­a en la Universidad Rice de Texas diseñaron su máquina como parte de un proyecto de la clase de bioingenierí­a y salud global.

“La clase para la que inventamos la máquina, que no necesita energí­a eléctrica y es barata, es parte del programa ‘Más allá de las Fronteras Tradicionales’ con el cual la universidad Rice ofrece propuestas sobre cómo resolver problemas de salud en clí­nicas y comunidades de muy bajos recursos”, explicó Theis.

“Sally” será probada en los próximos meses en varios paí­ses africanos y también en Ecuador, concretamente en clí­nicas de la Fundación Futuro en Quito, dijo a Efe Yvette Mirabal, directora del programa “Beyond Traditional Borders” de la Universidad Rice.

“En esta etapa las estudiantes van a poder demostrar como funciona la máquina a médicos y enfermeras, quienes a su vez harán recomendaciones para mejorarla”, agregó.

Por su parte, Kerr señaló también a Efe que en las demostraciones que hará en junio y julio en Ecuador usará su propia sangre, pues no han tenido tiempo de tramitar los permisos especiales necesarios para probar con sangre de pacientes.

Los 30 dólares que costó “Sally” contrastan con los 350 a los que se vende una pequeña máquina centrí­fuga para hematocritos industrial llamada “Zipocrit”.

Mirabal explicó que la idea es que la máquina centrí­fuga compacta que separa plasma sanguí­neo de los glóbulos rojos, vital para diagnosticar anemia y otras enfermedades, pueda ser incorporada al proyecto “el laboratorio en la mochila”.

Este proyecto es un paquete de aparatos médicos distribuidos por la universidad Rice en clí­nicas de comunidades de bajos recursos en Guatemala, Nicaragua, Haití­ y Ecuador.

Tenemos un proyecto en conjunto con el Ministerio de Salud Pública de Ecuador que ya tiene 25 mochilas para dar atención médica en clí­nicas de bajos recursos en las que no tienen nada para atender a la gente”, indicó.

Lauren Vestewig, directora ejecutiva del Instituto para Tecnologí­as Globales: Rice 360°, dijo a Efe que desde 2005 cada verano enví­an a estudiantes a probar los aparatos que construyen a paí­ses en ví­as de desarrollo y hasta el momento son 28 las máquinas inventadas.

“Estamos creando tecnologí­as para que puedan ser de gran ayuda en comunidades de bajos recursos en las que carecen de infraestructura básica como la electricidad

Ví­a EFE