Un spammer se confiesa

Noticias24.- Cada dí­a decenas de lectores nos reclaman, irritados, por las “colas de moderación”. Quizá porque desconocen que sus comentarios están enterrados en una montaña de publicidad enviada desde todos los rincones del mundo, uno de los negocios más prósperos de la red.

PCWorld nos cuenta la historia de Ed, quien desde su hogar amasó más de medio millón de dólares inundando bandejas de correo con publicidad indeseable de fármacos, prostitución y juegos de azar.

Ed, un spammer retirado, amasó una fortuna considerable enviando emails que promocionaban pastillas, pornografí­a y casinos. En la cúspide de su poder, Ed dice haber extraí­do entre diez mil y quincemil dólares a la semana, almacenando billetes de $20 en cajas apiladas una sobre otra.

Era una vida de codicia y exceso, que tení­a como presa a personas vulnerables que aspiraban conseguir drogas o ganar dinero jugando en Internet. Desde que fue expulsado de su escuela con 17 años, hasta que abandonó la carrera del spam a los 22, Ed (que no revela su verdadero nombre, pero a veces firma como SpammerX) era parte de un submundo electrónico que se lucra de la Internet por medio del spam.

Ed asegura no ser una mala persona, pero la verdad es que este joven solí­a lucrarse de adictos y ludópatas, incitándolos a adquirir fármacos o seguir apostando en lí­nea. Ed compraba listados de correos electrónicos de personas que alguna vez compraron medicación contra la ansiedad o antidepresivos para enviarles spam farmacéutico; o enviaba mensajes a adictos al juego invitándoles a un casino en lí­nea.

Dí­a tras dí­a, pasaba 10 horas buscando engañar los filtros y controles destinados a erradicar el correo basura.

Comenzaba su operación encontrando a un comerciante que deseara vender un producto. Luego adquirí­a el listado de correos electrónicos (otro servicio con su propio mercado en el mundo del spam). Luego creaba un nombre de dominio, e incluí­a un link al mismo en su mensaje spam que, de ser seguido, redirigí­a al usuario al website del comerciante, permitiendo a Ed obtener dinero por su referencia.

El spam era enviado desde una red de computadores tomados por hackers, llamados botnets. Estas máquinas son PCs de usuarios infectadas por software malicioso y que pueden ser controladas por un hacker. Ed “alquilaba” horas en esas computadoras a grupos de hackers especializados en crear botnets.

Si alguno de los destinatarios del spam hací­a una compra, Ed obtení­a un porcentaje. Por los farmacéuticos, la comisión estaba alrededor del 50%, dijo.

Los porcentajes de respuesta al spam suelen ser menos del 1%, pero Ed cuenta que una vez obtuvo un 30% de respuesta por una campaña. ¿El producto? Un tipo muy especí­fico de entretenimiento para adultos: fotos de mujeres completamente vestidas, haciendo explotar globos.

Para llevar las cuentas, los comerciantes ponen una “página de ventas por referencia”, donde los spammers pueden verificar cuánto dinero ha producido una ronda de spam determinada. Ed la revisaba frecuentemente, viendo como el dinero se acumulaba. Se le pagaba en transferencia electrónica, como e-Gold o PayPal, y luego sacaba el dinero en billetes de 20 con su tarjeta de débito.

Esto se haca problemático cuando el efectivo se hizo voluminosos. Dice haber ganado $480.000 en el útimo año de spam. Pero el estilo de vida spammer le pasó factura: en esencia, no tení­a vida.

Es difí­cil entrar a un bar y explicarle a una chica tu empleo diciéndole que promocionas pastillas de alargamiento del pene en Internet, dice Ed. “No les cae del todo bien”.

Ed racionalizaba sus actos diciendo que el spam no era igual que robar a alguien, aunque el impacto era claro. Nueve millones de estadounidenses son adictos a las drogas farmacéuticas, y Ed notaba que la misma persona compraba drogas distintas cada mes. “Eran adictos”, dice.

Adicionalmente, “el producto siempre es de contrabando hasta cierto punto. Si tienes suerte, es una versión diluida del producto original”. El Viagra se rinde con anfetaminas, y las pí­ldoras caseras son comunes, provenientes de laboratorios ilegales en China, India y Fiji.

cover.jpg Ed salió del negocio para escribir un libro: “Dentro del cartel del Spam: Secretos del Oficio desde el Lado Oscuro”, que dice ha tenido cierta acogida entre personas del mundo policial que desean aprender sobre el negocio del spam, que según él, sólo empeorará.

A medida que la velocidad de la banda ancha aumenta, los spammers buscarán mercadear sus productos por llamadas voIP o videos. El problema está en los usuarios, que continuan comprando los productos mercadeados por el spam, haciendo posible esta industria.

“Creo que en 10 años, seguiremos recibiendo spam”, dice Ed. “prepárense a ser bombardeados”.

El libro “Inside the Spam Cartel: Trade Secrets…” es publicado por Syngress y su autor es SpammerX, y puede conseguirse en Amazon.com.

[ Via PCWorld ]