Por qué los fans de Apple acosan a los reporteros

El reportero de tecnologí­a de Salon.com, Farhad Manjoo, cree que en algunos tópicos como el conflicto árabe-israelí­ y el enfrentamiento entre la Mac y el PC, nuestra sociedad moderna encuentra parcialización del periodista “incluso en las noticias más objetivas”. Es es un extracto de su libro “Suficientemente Veraz” (tí­tulo original True Enough: Learning to Live in a Post-Fact Society).

En el otoño de 2005, Walter Mossberg,el influyente columnista de tecnologí­a del Wall Street Journal, hizo un review de la más reciente computadora de escritorio de Apple, la iMac G5. La máquina le encantó y uno se daba cuenta desde el primer párrafo: “Escribo estas palabras en la computadora de escritorio más elegante que he usado en mi vida, una computadora que no sólo es bella sino rápida y poderosa, libre de virus y asequible”, escribió Mossberg.

Siguió diciendo que la iMac “funcionaba sin fallas y con velocidad”, que era “casi absolutamente silenciosa” y que “en realidad costaba menos que las máquinas Windows comparables”. Sólo tení­a dos pequeñas quejas: la computadora no tení­a un lector de tarjetas de memoria para acceder a las fotos de una cámara digital, y que “Apple fue pichirre en memoria RAM”, con muchos menos megabytes que lo que era común en máquinas Windows.

La columna de Mossberg tení­a unas 900 palabras, y sólo 70 de ellas – o el 8% – sugerí­a algo cercano a una crí­tica negativa. Apple quedó encantada con el review, tanto que lo citaron en sus anuncios y el CEO de Apple lo citó en sus discursos. Pero Mossberg dice que su buzón de correo contaba otra historia: los fans de Apple quedaron indignados. Ellos querí­an saber ¿Qué tení­a en contra de Apple?

Hay muchas “tribus” en el mundo de la tecnologí­a: los fanáticos del TiVo, adictos a Blackberry, a Palm Treo y gente que siente afecto poco sano por sus aspiradoras robóticas Roomba. Pero no hay tribu más grande y más celosa que la de los fans de Apple, que son famosos por su sensibilidad a las crí­ticas reales o imaginadas. “Es curioso”, dijo Mossberg, “incluso si escribo una nota positiva acerca de Apple, sigo teniendo más quejas de los partisanos de Apple que de sus oponentes”. Incluso ha acuñado un término para el efecto: “lo llamo la doctrina de la Insuficiente Adulación”.

En mis años como reportero de tecnologí­a, he tenido contacto con la doctrina de Mossberg, al igual que lo opuesto: fans de la PC que ven una parcialidad pro-Apple en mi trabajo. Hace unos años, el departamento de atención al cliente de Salon.com me informó que un lector llamó para cancelar su subscripción como respuesta a mi artí­culo “Aleluya, la Mac ha regresado”.

El año pasado, alabé el iPhone (dije: “marca un nuevo estilo de vida, un dí­a todos tendremos iPhones o cosas que hagan lo que éste hace, y tu vida será mejor gracias a eso), pero como concluí­ diciendo que para entonces el teléfono era demasiado caro (antes de que Apple lo rebajara), varios lectores concluyeron que yo era un enemigo de Apple. Por ejemplo: “¿De verdad te paga Salon.com o estás cobrando por debajo de la mesa de las compañí­as rivales?”

David Pogue, crí­tico de tecnologí­a del New York Times, obtiene la misma respuesta. En 2005, escribió una crí­tica bastante positiva del iPod Nano. Su único problema con el reproductor es que era mucho más caro que el iPod mini que el Nano reemplazaba, en términos de precio por gigabyte de almacenamiento. Igualmente, que no estaba disponible en otros colores. Estos pequeños detalles impulsaron a los fans de Apple a preguntarle a Pogue, entre otras cosas, si era feliz “lamiéndole los testí­culos a Bill Gates”.

¿Por qué son los fans de Mac tan rápidos para encontrar parcialidades en todos lados? Para entender el fenómeno, consideré un estudio de Robert Vallone, Lee Ross and Mark Lepper, psicólogos de la Universidad de Stanford, sobre el conflicto árabe-israelí­, otro conflicto que causa muchas acusaciones de parcialización de la prensa.

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En los temas que nos apasionan, todos tendemos a pensar que nuestro punto de vista es el razonable, así­ que si un reportero, editor, cadena de noticias u opinador menciona el otro lado de la discusión, nos hiere.


“Si veo el mundo como todo negro y tú ves el mundo como todo blanco, y alguien viene y dice que es parcialmente blanco y parcilamente negro, los dos seremos infelices”,
dice Ross. “Tú crees que hay más y mejores argumentos en tu lado que en el otro. El mismo acto de darles el mismo peso parece una parcialidad, como un equilibrio inapropiado”.

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Columnistas de tecnologí­a como Mossberg y Pogue no aseguran ser objetivos. Ellos son crí­ticos, y su negocio está en la más resbalosa de las producciones mediáticas: la opinión personal. Al mismo tiempo, ambos son siempre éticos e intelectualmente honestos. Sus artí­culos están siempre bien justificados. Ninguno de ellos te dirá que odia la nueva cámara de Sony: te dirá que la baterí­a se agota demasiado rápido o que su manual parece una traducción del japonés al francés al inglés, o que todas las fotos salen en sepia.

Si eres un no-partisano, esto es todo lo que esperas de un crí­tico de tecnologí­a, y los estilos de Mossberg y Pogue explican sus enormes popularidades. Pero muchos fans de Apple parecen queren más, y les importa poco la opinión honesta. Ellos quieren abrir el periódico y ver un reflejo de su celo casi religioso por esa cosa que aman. No quieren una crí­tica o un review, quieren una alabanza.

Muchos norteamericanos no son en realidad tan diferentes. En las encuestas, la gente asegura no estar interesada en leer noticias de fuentes que tengan su mismo punto de vista, y que prefieren fuentes que no tengan un punto de vista particular.

Pero la gente que tiene fuertes sentimientos en un tema, sean fanáticos de Apple, gente que apoya el aborto, o los que creen saber la verdad acerca del calentamiento global o del conflicto en el Medio Oriente – , sus puntos de vista personales se sienten especiales y luminosos, y la “objetividad” periodí­stica inevitablemente produce una imagen más “ensuciada”.

Cuando llegan a la diferencia entre lo que está en sus cabezas y lo que está en el papel, la audiencia tiende a asumir lo peor: el reportero debe estar lamiendo los testí­culos de alguien.

Via Salon.com