Mario Villegas: sólo la muerte silenció a Jerónimo Carrera

Foto: Cortesía Mario Villegas

(Caracas, 06 de mayo. Noticias24) – El periodista Mario Villegas en su columna “Puño y letra”, publicada este lunes en el diario 2001, le dedicó unas palabras al falleció presidente del Partido Comunista de Venezuela (PCV), Jerónimo Carrera.

Qué gran privilegio fue conocer y mantener largos años de sincera afectividad con ese cumanés universal que fue Jerónimo Carrera”, manifestó.

Asimismo, Villegas expresó que aunque en 1993 “me marginé silenciosamente del PCV y luego, en el año 2001, marqué distancia con el proyecto político de Hugo Chávez Frías, Jerónimo continuó siendo mi amigo y en muchas ocasiones me llamó por teléfono para deleitarme con sus siempre gratas, inteligentes, profundas y a la vez sencillas pláticas, en las que afloraban naturales diferencias de opinión, pero también enormes coincidencias”.

A continuación el texto completo:

Qué gran privilegio fue conocer y mantener largos años de sincera afectividad con ese cumanés universal que fue Jerónimo Carrera, el recién fallecido presidente del Partido Comunista de Venezuela.

Bienes de fortuna no estuvieron presentes en el legado que mis hermanos y yo recibimos de nuestros padres, pero sí sólidos valores y principios de vida, vocación de lucha por la justicia social y una inagotable capacidad para la amistad y el trato cordial.

Como parte de ese incalculable tesoro, heredamos en vida de ellos la cercana amistad de Jerónimo, con quien durante mucho tiempo me correspondió compartir trincheras en mi época de militante comunista y de dirigente sindical.

Siempre trató de salvaguardar sus relaciones personales y familiares, aun con quienes pudiese haber llegado a tener profundas diferencias ideológicas o políticas.

Así que, aunque en 1993 me marginé silenciosamente del PCV y luego, en el año 2001, marqué distancia con el proyecto político de Hugo Chávez Frías, Jerónimo continuó siendo mi amigo y en muchas ocasiones me llamó por teléfono para deleitarme con sus siempre gratas, inteligentes, profundas y a la vez sencillas pláticas, en las que afloraban naturales diferencias de opinión, pero también enormes coincidencias.

No era persona de hipocresías ni de posturas acomodaticias. En cualquier circunstancia asumía de frente sus convicciones, enraizadas en una sólida formación política e intelectual y en la sabiduría que dan los años, pero siempre con invariable respeto por la persona humana.

Su autenticidad lo llevó en varias ocasiones a criticar y a alertar severa y públicamente acerca del “jalamecatismo” y el peligroso culto a la personalidad que se estaba construyendo alrededor de la figura del presidente Hugo Chávez Frías, con quien antes de que éste llegara al poder mantenía una cordial relación.

Su consecuente actitud crítica y autocrítica le valió que en al menos dos ocasiones el presidente Chávez lo hiciera blanco de comentarios desconsiderados y descalificaciones políticas y personales a través de los medios de comunicación, no obstante que el PCV era y es el principal aliado del chavismo.

Las nueve décadas de su vida (nació el 14 de agosto de 1922 y murió el 29 de abril de 2013) sellaron una intensa y destacada trayectoria como dirigente político, sindicalista, internacionalista, investigador y prolífico articulista. No perdía ocasión para exaltar a quienes consideraba sus dos grandes maestros: Eduardo Gallegos Mancera en materia de política internacional y Cruz Villegas en el campo del movimiento obrero y sindical.

Con Magda, su fallecida primera esposa, procreó tres hijos: Álvaro, Hernán y Claudia. Haber vivido algunos años en Europa en funciones políticas y sindicales reforzó su apego a las ideas marxistas leninistas así como sus vínculos con numerosas organizaciones revolucionarias de todo el planeta.

Era un comunista en todas sus dimensiones. Bastaba ir a su modestísimo apartamento frente a la estación del metro La Paz, en Caracas, para calibrar su sencillez de vida. Desde allí, junto a su inseparable compañera Angelina Figueroa y el montón de libros, periódicos, revistas y carpetas que constituían su única riqueza material, daba ejemplo de coherencia entre la prédica y la práctica.

Pocos días antes de su muerte, fui a visitarle con mis hermanos Tatiana y Vladimir. Estaba feliz de vernos y nosotros de recibir sus infinitas muestras de cariño. Sólo mostró tristeza cuando nos confesó no haber logrado restablecer plenamente las relaciones con su hermano Germán Carrera Damas (el conocido historiador), resquebrajadas contra su voluntad por causas políticas.

Ese día su jovial lucidez contrastaba con su ya menguada salud física. De aquel encuentro queda el testimonio de la que fue su última foto, tomada por la diligente y leal Angelina, la cual me propuse no divulgar mientras él permaneciera con vida pero que ahora me permito publicar en homenaje a la simpatía y la amistad que siempre nos unió.

Hace algún tiempo, Jerónimo me dijo sentirse obligado a hacer públicas sus críticas y alertas frente a las desviaciones del chavismo y del gobierno, pues no quería morir pensando que veinte años más tarde algún investigador no encontrase un solo testimonio de alguien que levantara la voz desde las propias filas del PCV.

Vete tranquilo, Jerónimo. Testimonios dejaste a montón, entre ellos varias de las entrevistas periodísticas con las que también me honraste y que están a la mano para quien alguna vez las quiera escuchar o leer.

“Sólo la muerte silenció a Jerónimo Carrera”
Por: Mario Villegas