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Venezuela

Venezuela celebra los 103 años del nacimiento de Miguel Otero Silva

Foto: Cortesía de Manuel Vicente Cuervo

Noticias24.-Uno recuerda a Miguel Otero Silva en muchas circunstancias casi siempre relacionadas con la literatura o con la Venezuela del siglo XX. Cuando yo era niño no podía pasar por la carretera que atraviesa al caserío de Ortiz, en el estado Guárico, sin recordar su novela “Casas muertas”, y necesitaba con locura hacer un comentario sobre “Oficina No 1” si escuchaba que alguien iba o venía de El Tigre.

Con el tiempo supe que no estaba solo. Tengo una amigo chef que hace como 20 años declamó “Niño campesino” en el festival “Cantaclaro” de Valle de La Pascua, y hoy en día los ojos se le siguen haciendo agua cada vez que repite aquel poema con el mismo candor de su infancia.

No. ¡Qué va! El que disfrutó leer a Miguel Otero Silva jamás estará solo con sus recuerdos porque comparte una memoria colectiva. Como una señora en el sector Portugal Abajo de Barcelona, que hace diez años me dijo un extracto del poema “El aire ya no es aire” para explicarme que en la vida hay cosas malas que se vuelven buenas: “Tornóse en Rosa espléndida la herida”.

También conocí a un zapatero que se jactaba con alegría de haber leído alguna vez otra novela de Miguel Otero Silva: “La piedra que era Cristo”. En fin, cuando es el pueblo quien más recuerda el legado de un hombre es porque su obra tocó las entrañas de esta tierra.

Venezuela celebra. Hace 103 años nació Miguel Otero Silva en Barcelona, Anzoátegui. Hoy no quisiera hacer un recuento cronológico de sus actividades en esta vida y sí recurrir a datos específicos que pueden ofrecer una idea de las dimensiones del personaje.

Escritor, periodista, político, humorista. El hombre es total o no es. Aparte de lo que él mismo relató con su literatura, sobre él he escuchado historias deslumbrantes. Como una que me contó Augusto Hernández Agüero, quien ingresó a trabajar como portero en El Nacional apenas poco después de la fundación del diario.

De cuanto alcanzó a ver Augusto sobre la personalidad de Miguel Otero Silva es la siguiente anécdota la que me sigue impresionando como si yo mismo hubiese estado presente.

Otero escribía con un fin social, su arte no estaba respaldado por el mismo arte sino por la comprensión del entorno y del sufrimiento ajeno como propio

Una vez, Otero pidió a alguien en la sala de redacción de El Nacional que anotase 50 nombres de caballero en un papel. Terminada la operación, solicitó que le leyeran aquellos nombres en voz alta. Era un acto de magia. No recuerdo si hubo alguna apuesta de por medio, pero fue capaz de decir en orden preciso cada uno de los nombres sin ver el papel. También pudo recordarlos al revés y fue capaz de responder preguntas para comprobar que no había otro truco que su memoria.

-¿Cuál es el 15?
-Fulano.
-¿Cuál es el 39?
-Sutano.
¿Y el 27?
-Mengano.

Y con la frase “ése era Miguel Otero” terminaban las historias que Augusto me contaba.

Pero hay más anécdotas. Como la que destaca el gigante sudamericano Pablo Neruda en su autobiografía “Confieso que he vivido”.

Cuando el chileno viajó a Estocolmo en 1971 para recibir el Premio Nobel de Literatura fue sorprendido por una carta en su habitación del hotel. Se trataba de una amenaza epistolar: “Soy un comunista trinitario que considera desleal de su parte aceptar ese premio tan imperialista. Por eso le cortaré la cola del frac con unas enormes tijeras en plena ceremonia para que quede usted en ridículo”, o algo así decía la carta”.

A Neruda aquello le preocupó tanto que reportó el incidente a la policía y en toda Suecia se buscaba a un trinitario porque se imaginará usted lo importante que es para los suecos que salga todo bien en la ceremonia del Nobel de Literatura. Finalmente nadie le cortó la cola del frac a Neruda porque la carta había sido enviada por Miguel Otero Silva, quien quiso jugarle una broma al chileno pero casi olvida decírselo.

Hay una entrevista en la que a Ernesto Sabato le preguntan cuántos libros cree haber leído. Él responde con seguridad que fueron más de 30 mil, pero que habría preferido vivir más y leer menos.

En ese tipo de afirmaciones uno se da cuenta por qué la obra de Miguel Otero Silva estaba tan cerca del pueblo y tocó tan a fondo los corazones. Otero escribía con un fin social, su arte no estaba respaldado por el mismo arte sino por la comprensión del entorno y del sufrimiento ajeno como propio. Por eso hoy Venezuela celebra al escritor, pero también al político, al humorista y al periodista, porque hay que seguir su ejemplo en cada faceta.

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Néstor Luis González